Eran las 10 y 23 minutos de la mañana de aquel 31 de marzo de 1931, un Martes Santo, cuando Managua fue destruida por un sismo de 6 grados de magnitud en la escala de Richter. Su epicentro se ubicó en la Penitenciaría Nacional, hoy conocido como el antiguo Estadio Nacional Dennis Martínez.

Ese día, supuesto al dinamismo comercial que se vivía en Managua para la época de Cuarezma, se convirtió en el primero de muchos días de desconsuelo, incertidumbre y luto. Las personas daban por hecho que aquella Semana Santa sería mejor que la anterior, y en sus conversaciones se escuchaban ponerse de acuerdo para ir a bañarse al majestuoso Lago de Managua.

Sin embargo, esas conversaciones se vieron interrumpidas abruptamente cuando sintieron que todo a su alrededor empezaba a moverse lentamente y que con el transcurso del tiempo aumentaba la intensidad del movimiento telúrica. Lo que empezó como un leve temblor se convirtió en un terremoto sin precedentes. Las personas que se encontraban en los mercados, almacenes y tiendas, corrían despavoridas, sonámbulas, sin dar crédito a lo que vivían; en la búsqueda de un lugar seguro se atropellaban unas con otras, cayendo en el tumulto, siendo lastimadas por la multitud.

Fueron veinte manzanas del radio central de Managua que ardieron por los materiales inflamables de las boticas y las cocinas de leña. El incendio se propagó libremente sin que nadie pudiera contrarrestarlo, pues las personas buscaban en los escombros a sus familiares en medio de la niebla oscura, y de las intermitentes explosiones.

Los sobrevivientes, rodeados de cuerpos inertes y cubiertos de escombros, lograban vislumbrar carruajes en llamas, tirados por caballos que corrían despavoridos entre edificios en llamas y automóviles ardiendo. Este acontecimiento causó 1500 muertos, más de 2000 heridos y 45 mil damnificados, al igual que pérdidas económicas de 35 millones de dólares.

Actualmente, como hace 90 años, el nicaragüense está expuesto a eventos sísmicos de diversas magnitudes y niveles de riesgo. Por ello, el INISER ha dispuesto la póliza Incendio Hogar, que protege de cualquier daño, total o parcial, que pueda sufrir la vivienda y los bienes que se encuentran en ella.